Thursday, May 26, 2005

La Utopia de la Inmortalidad

El tiempo es una noción humana, una de sus obsesiones. Y como no lo va ha ser, si todo a su alrededor lo marca. Desde su concepción, oye constantemente el ritmo cardiaco de su madre, se sincroniza con él. Sale al mundo y el sol marca el pulso de la tierra, y a este debe sincronizarse también, pues a media noche sus padres solo quieren que se duerma. El tiempo lo rodea y cada vez corre más rápido, en el jardín lo someten a un horario, hay tiempo de juego y tiempo de clase. Este proceso de “organizar” la vida humana en segmentos de tiempo continuará hasta su muerte. Pero esta conducta no es tan solo humana, los animales también lo practican aunque no con tanta devoción, ellos nacen con el tiempo que les enseña el sol, no el reloj o calendario, aprenden a cazar o alimentarse y luego se les “hecha de la casa cuando cumplen la edad suficiente”.

De algún modo la noción del tiempo siempre nos recuerda lo frágil que es nuestra existencia sobre la tierra. Queremos prolongarla lo mas que podamos. Queremos hacer que nos rinda al máximo, así que “organizamos” nuestro tiempo, lo dividimos en las partes más pequeñas que podamos, y por ciclos para asegurarnos de hacerlo todo, “de los 18 a los 22: universidad, hasta los treinta: disfruto mi soltería, luego me caso y tengo hijos...”

No solo la muerte nos recuerda lo rápido que se pasa el tiempo, cada vez que recordamos el pasado nos sorprendemos por lejos que en verdad está, la cantidad de recuerdos, y cada día coleccionamos más. El darnos cuenta de cuanto tiempo ha pasado y no saber cuanto más viviremos es terriblemente angustiante, hay que aprovechar el tiempo al máximos calcularlo con la mayor precisión posible, hay que crear toda clase de artefactos que no nos permitan desperdiciar un solo instante. Así que hemos creado despertadores, cronómetros, internet cada vez más rápido, y llevamos siglos con el cuento de los calendarios. Hasta hay cremas antiarrugas para disimular el paso del tiempo.

¿Pero toda esa angustia para qué? Hasta donde yo sé, el hombre aun no ha encontrado él propósito de su existencia, pero por alguna razón nos aferramos a la vida, al tiempo. ¿Que peor que estrenar reloj, o salir de casa sin él para cumplir con tu rutina diaria? La angustia de no saber la hora, de que se te pasó el tiempo y no alcanzas o llegas tarde, es de las peores. Sobre todo no saber que hora es, si faltan 10 o son las y cuarto. Esa absurda costumbre de puntualidad, hay que llegar a tiempo, hay que hacer rendir el tiempo, el tiempo esto, el tiempo lo otro. Lo paradójico de todo esto es que con todos nuestros artefactos, para hacernos más fácil la vida y que nos rinda más el tiempo, solo lo hemos acortado. Esa angustia y afán, tienen nombre propio: estrés. Esta es la enfermedad más común de los últimos 10 años, y acelera el deterioro celular, sin contar con que todas esas ondas electromagnéticas que nos rodean, computadores, celulares, televisores, etc., desencadenan procesos cancerígenos. La expectativa de vida actualmente es de 70 años, Mi abuelita tiene 91 años, mi bisabuelo murió de 102. Creo que todo lo que hace el hombre por querer dominar el tiempo y manejarlo solo ha sido en vano. Esta es la verdadera fuerza que hace girar el mundo, crecer al universo y que nos recuerda que no somos Dios.

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