Resumen
Art, space and the city.
Malcom Miles.
En la ciudad chocan dos tipos de espacio, el espacio del planeamiento urbano, es decir la representación del espacio, y el espacio habitado: el espacio representacional. El primer espacio es creado a partir de la institución, junto con su impulso de mantener el estatus quo o asegurar una hegemonía. Y el otro es un espacio mutante, un espacio líquido, donde los habitantes van formando el espacio a partir de interacciones dentro y con el espacio mismo.
El monumento está casi siempre inscrito en el espacio representado, casi siempre es generado desde la institución, es decir es generado desde una representación del espacio, ya sea como imposición y reafirmación de la institución, o como legitimación histórica de esta. El monumento queda inscrito en el espacio representacional cuando los habitantes del sector lo despojan de sus valores institucionales, y alrededor de este surgen nuevas dinámicas. Un ejemplo de esto podría ser la estatua de Policarpo Zalabarrieta ubicada en el eje ambiental, originalmente el propósito de esta estatua era la conmemoración histórica de la espía criolla. Pero con el pasar de los años y con la instalación de la comunidad uniandina a su alrededor, “la pola” se ha convertido en un mojón o punto de referencia, para esta comunidad, incluso se pueden encontrar bares universitarios que hacen referencia a esta estatua, por el juego de palabras que se puede hacer.
Los monumentos tradicionales tienen básicamente dos configuraciones, una desde la alegoría que apela a la interpretación y al simbolismo; y por el otro lado está el naturalismo, normalmente usado en retratos, el cual “se basa más en el reconocimiento que en la interpretación… lo que inhibe la lectura ideológica, pero no su intención.”
El siglo XIX significó la proliferaron de monumentos por parte de las jóvenes naciones y sus ideales de ilustración, de allí que no sea gratuito que esta misma ideología sea la que funda museo e instituciones. El poder recién adquirido adopta la tradición para volverla suya, y de este modo legitimarse como heredero. Esta estrategia fue usada por Bolívar y Santander en la fundación del museo nacional, dos años después de haber declarado la independencia, a pesar de que el país estaba en muy malas condiciones como para invertir fondos en la creación de museos y colecciones. Pero esta medida era necesaria, pues esto refutaba los argumentos sobre la ilegitimidad del gobierno independista, ya que heredaban y reconocían la cultura, acto que lucía muy bien ante los ojos de los estados prestamistas de la revolución (Inglaterra, EEUU).
Otro problema del monumento es su condición hegemónica, ya que el monumento representa una historia, pero es una versión oficial de la historia. Por decirlo de otro modo, es una única versión representada, he ahí donde la capacidad embellecedora del arte juega un papel crucial, pues aunque la mayoría de los monumentos conmemoran hecho violentos o bélicos, no tienden a ser visualmente agresivos, por el contrario convierten el acecino el héroe, el genocida en líder, etc. Todo esto mediante la imagen, y su manipulación. Algo tan aparentemente inofensivo como retratar a Jesús (el hijo de dios) con todo el fenotipo europeo, y colocar estas imágenes en las catedrales latinoamericanas, es una forma de ofrecer mantener una hegemonía.
Gracias al desarrollo del turismo como una mega industria, los monumentos ahora tienen un nuevo propósito a pesar de lo obsoletos que parezcan ser. Uno de sus propósitos originales es el de la conmemoración histórica, sobre vivir para poder compartir el pasado con el futuro. Esa remembranza del pasado muchas veces sirve como cortina de humo ante los problemas del presente, Egipto parece ser el gran ejemplo en ese sentido, pues a pesar del conflicto interno que pueda estar sufriendo, a pesar de ser uno de los países con mayor cantidad de campos minados, y de victimas de estos campos, de la pobreza que allí se ve, ha logrado mantener una industria turística fabulosa, gracias al glorioso imperio que allí habitó hace miles de años.
Para finalizar debemos considerar la antitesis al monumento, es decir su democratización, que ocurre cuando el monumento ya no esta al servicio de la representación de la institución, sino que es generado desde el espacio representacional, como sucede con el arte publico generado desde el publico, o simplemente cualquier arte que cuestione las estructuras de poder.
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